Pedro Juan Manzanares Llorente

Pedro Juan Manzanares Llorente nació en Berceo (La Rioja) el 19 de octubre de 1872. Siendo muy niño se traslada a Sevilla a vivir con unos familiares de su padre y, a finales del siglo XIX, emigra a Argentina, donde estaban ya viviendo cuatro de sus hermanos. Debió irse antes de 1891, porque en esa fecha la Comisión Provincial de Logroño le declara prófugo por no haberse presentado al llamamiento al servicio militar. En Buenos Aires se dedica al comercio y a los pocos años consigue hacer fortuna. Ejercía el puesto de representante en la importante casa comercial de Elías Romero, emigrante también riojano, procedente de Viniegra de Abajo.

Este puesto le llevaba a tener que trasladarse frecuentemente a Europa, principalmente a París y Londres, para hacer compras y gestionar ventas, viajes que solía aprovechar para trasladarse a La Rioja. La primera de esas visitas queda registrada en noviembre de 1902, dejándose constancia en ella de que hacía bastantes años que no volvía a Berceo, su pueblo natal. Regresa de nuevo en noviembre de 1907 para ejercer como padrino del bautismo de su sobrino Ángel Cañas Manzanares, hijo de su hermana Juana y de Justo Cañas, del que consta que era acomodado propietario y ganadero.

Un año después, en agosto de 1908, vuelve a España para casarse con Petra Pérez Bernáldez, natural de Viniegra de Abajo. Él tenía 36 años y ella 25. La boda se celebró en la parroquia de San Lesmes Abad de la ciudad de Burgos y fue oficiada por el canónigo de Sevilla, Sabas Pérez, tío de la novia y que solía pasar sus vacaciones de verano en Viniegra. Petra y su hermana menor Luzgarda eran en ese momento huérfanas y vivían a caballo entre su pueblo y la capital hispalense, protegidas por otro de sus tíos, Estanislao Bernáldez, rico comerciante. Los padres de Pedro también habían fallecido, actuando como madrina su madrastra Manuela Moreno.

Según las crónicas de la prensa, el enlace fue por todo lo alto. “Los invitados fueron obsequiados con un gran banquete, reinando la mayor alegría y descorchando champagne”. Se habla también de que recibieron “infinidad de regalos de gran valor de la familia y amigos” y que, al día siguiente, los recién casados partieron para París y otras capitales europeas para disfrutar de su luna de miel. Esta duró casi dos meses, lo que da buena muestra de la privilegiada posición económica de la que gozaban. A finales de octubre volvieron a Berceo y Viniegra para pasar unos días con sus familias y despedirse de ellas, porque unas semanas después embarcaron para Buenos Aires, llevándose con ellos a Félix Manzanares, hermano pequeño de Pedro, y a su primo Manuel Llorente Peña, ambos también de Berceo.

Se registran nuevas visitas del matrimonio en años siguientes (1910, 1912, 1914, 1918 y 1920), repitiéndose en todas ellas las mismas rutinas: vienen de París o de Londres y pasan largas temporadas (de agosto a noviembre) con sus familias tanto en Berceo como en Viniegra de Abajo (y, en algunas de ellas, también en Sevilla) antes de regresar a Argentina, partiendo unas veces desde Cádiz y otras desde Vigo o desde Burdeos. Algunas de estas visitas estuvieron marcadas por acontecimientos especiales. Por ejemplo, en la de 1912 se llevaron con ellos a Buenos Aires a Luzgarda, la hermana de su mujer. Y la de 1914, que coincidió con la celebración en Berceo de las fiestas del Rosario, fue especialmente celebrada en el pueblo porque tras varios años sin actuaciones musicales en estos festejos por problemas económicos del ayuntamiento, Pedro decidió sufragarlas de su bolsillo, para alegría de sus paisanos. En esta misma visita, tuvo dos celebraciones familiares. Por un lado, el bautismo de la segunda hija de su hermana, llamada María Esther, de la que fue también padrino y, por otro lado, un gran banquete para celebrar su cumpleaños, algo que no había podido hacer en su pueblo natal desde que se marchó en su infancia a Sevilla y luego a Argentina.

Consta también que en la visita que realizan a Berceo en 1918 había decidido ya retirarse de su actividad comercial. Por noticias de la prensa sabemos que para esa fecha, fruto de “su honradez y laboriosidad”, podía “vivir holgadamente y tranquilo al lado de su querida familia”. Fue común entre muchos indianos que, cuando consiguieron una considerable fortuna, decidieron volver a España para vivir de las rentas. En su caso, parece ser que esto se produjo en 1919, instalándose en Sevilla, aunque pasaban mucho tiempo en Viniegra de Abajo, donde de hecho aparecen en el padrón municipal de ese año. En 1921 hay constancia también de su vinculación con este municipio cuando se le concede una licencia de caza por parte del Gobierno Civil de Logroño. Y siguen registrándose todos los veranos visitas también a Berceo, además de a San Sebastián y al balneario de Grávalos.

En Sevilla se instalan en un suntuoso caserón, al estilo de las casas de indianos, situado en el número 29 de la Avenida de la Palmera, una calle donde a partir de 1920 se empiezan a levantar numerosos palacetes para la aristocracia y las clases más acomodadas de la ciudad. Este palacio, junto a su homónimo casi gemelo situado justo enfrente, fueron construidos en 1922 y su autor fue el célebre arquitecto Juan Talavera Heredia. Los edificó para Pilar y Sara Barquín y por eso se les conoce, aún hoy día, como “Villa Pilar” y “Villa Sara”.

No consta en el Registro de la Propiedad de Sevilla que Pedro Juan Manzanares fuera propietario de este palacete, por lo que se puede suponer que quizá estaban en alquiler. Allí vivía con su mujer y la hermana de ésta, Luzgarda. No tuvieron descendencia. El caserón sigue existiendo hoy día, protegido por Patrimonio. Durante muchos años fue la sede de TVE en Sevilla. Pasó largo tiempo abandonado, temiendo por su integridad, y hoy día, ya restaurado, es la sede del Banco Espirito Santo y del consulado de México.

El matrimonio decidió edificar una réplica de su mansión sevillana en Viniegra, que es la casa de indiano a la que nos referíamos al inicio de esta biografía. Su construcción está datada en 1926 y se levantó sobre un solar en el que años antes había estado ubicada la histórica casa del general Domingo Izquierdo. Por las crónicas del periódico El Najerilla sabemos que las obras finalizaron en diciembre de ese año y que el día 8 se celebró el acto de bendición por parte del párroco y el capellán del pueblo. Como decía el periódico, “terminada la ceremonia religiosa, los 63 invitados pasaron al comedor para una merienda, donde se ofrecieron licores y pastas, y los jóvenes asistentes amenizaron el acto con sus cantos, y después visitaron el espléndido edificio, quedando todos admirados de su lujo”.

Ese mismo año consta también que Pedro Juan Manzanares entra a formar parte de la Asociación Protectora de Viniegra de Abajo, una entidad benéfica creada en 1843 y que desarrolló numerosas obras en el municipio. Además de sus aportaciones anuales a la asociación, financió a su cargo el asfaltado de la Plaza de la Generala (que luego se nombró Plaza de Argentina), que costó 1.600 pesetas, y participó con 3.000 pesetas en la suscripción pública abierta en el pueblo para la traída de aguas y alcantarillado.

Cuando se hicieron mayores, empezaron a dejar de ir en verano a La Rioja. El largo viaje y las deficientes comunicaciones de esa época en España les fueron desanimando a pasar los veranos en Viniegra. Es por eso que decidieron finalmente donar la casa a la Iglesia. Allí vivieron durante muchos años los sacerdotes del pueblo hasta que fue finalmente vendida a otros dueños, estando en la actualidad todavía habitada.

Pedro Juan Manzanares falleció en octubre de 1944 en Sevilla a los 72 años y sus restos se trasladaron al cementerio de Viniegra de Abajo. Siete años más tarde, en diciembre de 1951, fallece en Logroño su mujer Petra Pérez, que reposa junto a él también en Viniegra, al igual que su hermana Luzgarda, que había muerto un año antes, en diciembre de 1950. En su testamento donaron una importante cantidad de dinero para que fuera repartida entre la clase humilde del pueblo.

El 9 de julio de 1927 año se celebra una simpática fiesta con motivo del cambio de nombre de la, hasta entonces, Plaza de la Generala, en recuerdo del General Izquierdo natural de Viniegra de Abajo, por la de Plaza de la República Argentina, promovida por el alcalde Daniel Valenciaga. En la misa que tuvo lugar para este acto, lució por primera vez, una valiosa y artística lámpara que habían regalado Domingo y Nemesio Sangrador.

Domingo Izquierdo y García Escudero

Viniegra de Abajo (La Rioja), 1.VIII.1743 – Valencia, 22.XII.1807. Militar.

Era hijo de Manuel Gregorio Izquierdo y Pérez Navarrete (1702), y de Catalina García Escudero y Montenegro (1715), ambos de Viniegra de Abajo. Ingresado de cadete en el Regimiento de Reales Guardias de Infantería (24 de octubre de 1760) y caballero de San Juan desde 1765, consiguió en dicho Regimiento sus regulares ascensos: alférez (27 de julio de 1769), alférez de granaderos (30 de octubre de 1773), 2.º teniente (11 de julio de 1775), 2.º teniente de granaderos (30 de noviembre de 1780), 1.er teniente (21 de marzo de 1782), 1.er teniente de granaderos (1 de enero de 1783).

 

En marzo de ese año salió coronel del Regimiento de Infantería de Mallorca, alcanzando los grados de brigadier de Infantería (5 de octubre de 1791) y de mariscal de campo (10 de octubre de 1793). Como gobernador de la plaza de Rosas, la defendió brillantemente contra los franceses (29 de noviembre de 1794-3 de febrero de 1795), siendo premiado con el rango de teniente general (9 de febrero de 1795).

Casón del General Izquierdo (a la derecha) y plaza de la Generala.

Fue elegido comandante del Campo de Gibraltar en diciembre de 1798, pero dejó este cargo para ir a tomar posesión del de gobernador y capitán general del Principado de Cataluña, con la presidencia de su audiencia, para el que había sido nombrado el 4 de septiembre antecedente. De ahí pasó a gobernador y capitán general del Ejército y reino de Valencia con la presidencia de la Audiencia y el mando militar de Murcia (21 de febrero de 1803). En su estancia valenciana resolvió el conflicto planteado sobre la salubridad de los arrozales a favor de los cultivadores en el conocido como Memorial Ajustado de 1805.

Falleció en ese destino cuando acababa de ser designado como consejero de Guerra, con los honores del Consejo de Estado.

Con el mayor agradecimiento al Dr. Miguel Zapater Cornejo, cuyo estudio de investigación sobre la Asociación Protectora de Viniegra de Abajo ha sido el germen de esta  inicativa.

 

Fuentes documentales:

  • Roberto Rodríguez Andrés – Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad de Comillas.
  • Miguel Zapater Cornejo – Miembro de la Sociedad Española de Historia de la Educación. IER.
  • Revista el Najerilla.
  • Balance y memorias de la Asociación Protectora de Viniegra de Abajo.
  • Instituto de Estudios Riojanos.
  • Real Academia de la Historia.