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Casas de indianos de Viniegra de Abajo

El conjunto de casas de indianos de Viniegra de Abajo constituye un hecho singular en la España interior y de montaña. Casi todos los casones, palacetes y chalets que se asoman a este paseo tienen un origen común.

Esta es su historia.

Elías Romero Laguardia fue un visionario que supo anticiparse a las migraciones de fines del siglo XIX y principios del XX. En 1857 embarca para Argentina y ese mismo año, junto con el también viniegrés Patricio Gutiérrez, abren una pequeña tienda en Buenos Aires.

En 1871, ya en solitario, edifica y crea la «Casa San Miguel» en pleno centro de la capital que, tras sucesivas ampliaciones y fruto de su buen hacer, se convierte probablemente, en la casa comercial de este género más importante del momento en la metrópoli.

La «Casa San Miguel» introdujo en Buenos Aires la moda europea, en especial la francesa. Su fachada recuerda a los grandes almacenes parisinos de la época. En la actualidad el «Palacio San Miguel» es uno de los edificios más emblemáticos de la capital. Elías Romero incorporó a su empresa prácticas de participación, a caballo entre la filantropía patronal y las concepciones sociales utópicas de principios de siglo XIX.

Un considerable número de viniegreses y serranos se formaron allí como dependientes de comercio. Unos emprendieron su propio camino comercial y otros -con gran dedicación en la tienda- lograron mediana posición, lo que les permitiría retirarse y vivir cómodamende de regreso a España.

Establecidos en España con sus familias, decidieron construir estos suntuosos edificios que engalanan el pueblo que les vio nacer.

Una nueva clase social -la de «Los Americanos»- cautivó a los jóvenes de esa época, que esperaban ser reclamados desde ultramar para incorporarse a estos comercios.

La figura de Elías Romero trascendió a su industria, convirtiéndose en impulsor de importantes iniciativas sociales en Argentina y gran benefactor de su pueblo de origen, Viniegra de Abajo.

Nicanor Villar mandó construir esta casa en 1904. Había comenzado el siglo XX y los primeros «americanos» comenzaban a regresar.

Nicanor era comercial comprador de la «Casa San Miguel» de Buenos Aires. Visitaba regularmente Viniegra en su camino  a las ferias de Barcelona y París, donde seleccionaba y formalizaba los pedidos, retornando de nuevo a Argentina.

Esta enorme casa de cuatro plantas fue la primera de indianos que se ubicó en el nuevo eje urbano definido por la carretera. Lucía en su origen un estucado blanco con algunas filigranas bajo balcones al estilo colonial. Los modificados posteriores le otorgan un aspecto más serrano.

Esta fue la última de las casas de Indianos en construirse. Miguel Montero es otro de los viniegreses que se forjó en la “Casa San Miguel” de Buenos Aires. En 1930 ya se había retirado de la vida comercial en Argentina, fijando su residencia Madrid. Miguel Montero pasaba en esta bonita casa largos veraneos con su familia.  

La fachada está recubierta de placas de piedra en contraste cromático con las esquinas y los recercados, destacando el mirador con su forma semicircular y su friso superior. La casa se acabó de construir en 1941 con el cerramiento de la valla.

El coste total de la obra ascendió a 63.289,60 pesetas de la época.

Pedro Juan Manzanares nació en Berceo en 1872. Temprano emigró a Sevilla y después a Argentina. En Buenos Aires se dedicó al comercio, ejerciendo el puesto de representante en la “Casa San Miguel”, donde a los pocos años consigue hacer mediana fortuna.

Casó con Petra Pérez de Viniegra de Abajo en 1908 y a su regreso de Argentina se establecieron en Sevilla, pasando largos veraneos en Viniegra.

El matrimonio decidió edificar en Viniegra de Abajo una réplica de su casa sevillana de la calle La Palmera. Su construcción se levantó sobre un solar en el que años antes había estado ubicada la histórica casa del general Domingo Izquierdo, (quien fuera brillante defensor de la plaza de Rosas ante los franceses en 1795)

En enero de 1922 Pedro Montero celebraba haber echado el tejado de esta casa sin que se hubiera producido ningún accidente.

Pedro Montero (Hermano de Miguel Montero), perteneció también a ese grupo de comerciales de la «Casa San Miguel» de Buenos Aires que labró mediana fortuna. Para 1923 ya parece haber retornado definitivamente a España, estableciéndose en Madrid y siendo asiduo de los veraneos de Viniegra.

Esta casa, como muchas de los indianos, se diseñó con grandes ventanales y corredores orientados al sur, que con el tiempo fueron anulados por no ser apropiados a los rigores climáticos de los largos inviernos.

Domingo Sangrador dedicó esta casa a su esposa Emilia Ferro (Savona, Italia). La composición caprichosa y ordenada de este palacete cuenta con estancias y vanos bien armonizados. La torre y los detalles en el mirador y escalera evocan ambientes de época.

Este viniegrés fue uno de los comerciantes más prósperos de aquella Argentina del primer tercio del siglo XX.

Todavía hoy, en la fachada del “Palacio Alsina” de Buenos Aires permanecen entrelazadas las siglas (SG) de la compañía “Sangrador González y cía”.

Domingo Sangrador y Eduardo González fueron grandes benefactores de Viniegra de Abajo y de Betanzos (La Coruña).

 

Nemesio Sangrador mandó construir esta casa en 1922, ampliada en 1933. Alternó su vida entre Argentina, París y San Sebastián, con sus veraneos en Viniegra.

Canteros venidos de diversos puntos, dieron forma maestra a la piedra rojiza propia de la zona. Su fachada e interiores evocan ciertos ambientes afrancesados.

Nemesio y su esposa Claudia Mendizábal fueron los grandes impulsores de la traída y distribución de aguas corrientes al pueblo, cuya obra quedó completada en 1929, antes que en muchos de los grandes municipios de España. Además, dotaron de este servicio básico a todas las familias sin recursos.

 

Nació en Viniegra de Abajo en el año 1808 donde pasó sus primeros años. De joven marchó a Sevilla para iniciarse en el comercio y con 25 años embarcó en Cádiz con un destino incierto que finalmente le llevó a Valparaíso.

Santos abrió las primeras librerías de Chile, y pronto se adentró en el mundo editorial, donde fue propietario y editor del periódico «El Mercurio», uno de los periódicos más antiguos y prestigiosos de América. Santos se convirtió así en uno de los personajes más relevantes del mundo editorial y cultural del siglo XIX en Chile, su país de adopción.

«El Mercurio» es en la actualidad el diario más antiguo en Lengua Castellana.

Higinio Montalvo, como tantos viniegreses, emigra a los 15 años a Argentina y se inicia en el comercio en la «Casa San Miguel». Más tarde se establece en Santa Fe fundando la prestigiosa compañía comercial «Luzárraga-Montalvo y Cía.» con Graciano Luzárraga, también oriundo de Viniegra de Abajo.

En 1931, estucadores catalanes daban a esta fachada ese ligero toque colonial, que también se aprecia en algunas otras casas de esta manzana.

Higinio Montalvo, quien a su regreso de América se había establecido en Madrid, era uno de los primeros en iniciar su veraneo en Viniegra y de los últimos en marchar.

Muchas son las casas del XVIII y XIX que dan un empaque especial a este municipio, que curiosamente, carece de casas solariegas. Esta casona, por ejemplo, cierra con su ordenada fachada orientada al sur un espacio urbano muy bien definido por su amplitud y sus empedrados.

Esta construcción se caracteriza por la presencia de esa piedra rojiza bien trabajada propia del lugar, color que adquiere por su alto contenido en hierro.

En el origen de esta casa está la familia Blázquez, prósperos comerciantes dedicados al transporte marítimo de azúcar y otras mercancías desde Cuba.

 

Esta casona, por sus dimensiones y estancias, debió ser construída para una importante familia ganadera. El perfecto estado en que se encuentran sus establos y cuadras nos hablan de un probable abandono de la actividad derivada de la crisis del sector en el siglo XIX.

Sus propietarios, como tantos otros, buscaron en América la prosperidad que aquí ya no era posible, cosa que lograron en la persona de Serafín Bernáldez, quien llegó a convertirse en uno de los mayores  accionistas del Banco Español del Río de la Plata.

La planta baja de este edificio alberga en la actualidad el «Espacio Arte VACA».

A las tres de la tarde del 4 de junio de 1907 se colocaba la primera piedra de este precioso edificio. Venancio Moreno, emigrante en Andalucía, donde ya existía una importante colonia de viniegreses, lo había hecho posible con su donación.

La escuela fue de gran trascendencia en Viniegra de Abajo, siendo declarada en 1915 «Escuela Nacional». Hasta entonces la enseñanza se impartía mayormente en locales habilitados y no tanto en edificios propios.

En 1930 Viniegra de Arriba y Viniegra de Abajo, tenían las tasas de alfabetización más altas de La Rioja, incluida su capital e incluso superiores a la media nacional.

 

La Asociación Protectora de Viniegra de Abajo, una vez atendidos sus objetivos iniciales relativos a la enseñanza, fue adquiriendo nuevas obligaciones y compromisos. Se dotó al municipio de una red de aguas corrientes y se atendió al ornato y saneamiento general del mismo.

Fue a partir de 1934 cuando se planteó decididamente la construcción de un moderno lavadero. El proyecto, tras sufrir varios contratiempos, vio la luz en el verano de 1945.

Este bonito edificio, moderno y funcional, cumplió fielmente su cometido hasta la irrupción en los hogares de «la lavadora».

Bien podría parecer una casa solariega, pero no hay constancia de que en Viniegra de Abajo existiera una nobleza de sangre. Sí que se desarrolló una cierta nobleza ganadera ligada a la trashumancia.

Esta edificación es un espectacular ejemplo de esa actividad que trajo riqueza a estas sierras hasta finales siglo XVIII y que entró en profunda decadencia durante el siglo XIX.

Esta casona se estructura en tres niveles: planta baja para accesos y zona de ganado, primera planta, que albergaba la zona noble y zona alta o bajocubierta, que alojaba al servicio.

Cuenta con extenso jardín, pozo y huertos.

Este puente de dos ojos ha sido durante siglos la entrada principal a Viniegra de Abajo, hasta la apertura del puente nuevo en 1932. Puede datar del siglo XVI, con modificados posteriores, pero es fácil imaginar que sobre este mismo lecho le precedieron otros.

Bajo uno de sus arcos se puede ver un antiguo lavadero. Este pequeño río, que surca el municipio paralelo “al Río Urbión”, contaba con otros dos lavaderos más.

Por este puente cruzaba la Cañada Real de Santa Coloma, que en otros tiempos movía miles de cabezas de ganado entre estas sierras y el sur de la península.